lunes, 12 de noviembre de 2012

Opacos recuerdos de un gran tarijeño

Moisés Navajas

Los escasos recuerdos de Don Moisés Navajas, oscurecen lentamente  con el transcurrir del tiempo, como si la difusa  fotografía fuera un augurio de la irremediable pérdida de su memoria. Son escasos los textos que hablan de él, incluso en la biblioteca de la “Casa de la Cultura”, lugar que un día fue su vivienda.
Según las fuentes bibliográficas, Don Moisés Navajas nació en el año 1865.Hijo del coronel Víctor Navajas, fue uno más de casi una decena de hermanos. Empezó sus estudios en el  Colegio Nacional San Luis, e hizo su servicio militar en la Guardia Nacional donde alcanzó el grado de capitán en mérito a que –según la tradición oral tarijeña- nunca permitió que su regimiento pasara hambre en una época deprimida como efecto de la derrota boliviana en la guerra con Chile.
El  joven Navajas demostró especiales actitudes para el comercio al punto que  en los dos primeros tercios de su vida logró acumular una respetable fortuna,  concebida con justicia entre las primeras del país. El historiador Miguel Molina, narra que  los intereses de Navajas fueron abarcando una compleja serie de actividades productivas, con las que logró  acumular sus primeros millones convirtiéndose en un caso extraordinario de talento para las finanzas y el comercio. 
Además de su innato talento para los negocios, fue  electo Presidente del Consejo Municipal de la ciudad de Tarija en 1921.Su acción social e intelectual  cuenta a  don Moisés Navajas como uno de los verdaderos difundidores de cultura en Bolivia. Fue uno de los fundadores de la publicación semanal “Centro Social”; formó parte de la red de articulistas del diario “El Pilcomayo”, fue colaborador de “LA NUEVA ERA” y  fue corresponsal  de “La Razón”, de Rosario de Santa Fe. En los anuarios de literatura que responden al tradicional título de “Almanaque”, fue autor de varias producciones retóricas.
El talentoso tarijeño se casó con doña Esperanza Morales, dama distinguida, descendiente de padres españoles. Fueron un matrimonio profundamente católico y  benefactores de innumerables obras de bien social,entre ellas, donaciones  que hicieron a la iglesia, a hospitales, colegios, asilos, bibliotecas y a la creación de un hogar para los huérfanos de la Guerra del Chaco.  
Navajas murió en el año 1951. La pareja  no tuvo hijos por lo que su esposa  quedó en posesión de todos los bienes que habían sido labrados a lo largo de la  existencia de Navajas. Se han tejido muchas leyendas, sobre la familia Navajas  por ejemplo aquella que cuenta que Moisés Navajas, solía jugar “taba” con el diablo en la terraza de su casa, y éste le dejaba ganar las partidas para incentivar su codicia.  Lo cierto es que la imaginación era  fecunda cuando se trataba de imaginar aquello que no se podía conocer ya que los esposos Navajas-Morales pertenecían a un cerrado círculo de amistades.

Vista exterior de la Casa de la Cultura de Tarija

Érase una vez un palacio…
Durante sus viajes a Europa, Navajas se sintió atraído por las obras arquitectónicas y artísticas de estilo Art Noveau  y decidió contratar a los arquitectos suizo-italianos Miguel y Rafael Camponovo, para que proyectaran  y dirigieran la construcción de la  que sería su residencia y que a la vez albergaría una serie de tiendas comerciales. La Casa Dorada, ubicada en pleno casco viejo de la capital del departamento de Tarija, destaca ante los ojos de cualquier transeúnte por su imponente belleza y estilo colonial. Su construcción comenzó  en el transcurso de 1887 y duró 16 años.


Exterior de la Casa Dorada
Una visión arquitectónica
 La Casa Dorada, fue declarada de necesidad pública y adquirida por la Universidad  Autónoma Juan Misael Saracho (UAJMS), que la asignó para el funcionamiento de la Casa de Cultura de Tarija. El arquitecto Carlos A. Torri participó en la primera restauración que se realizó entre los años 1987 a 1992. El largo tiempo en que, por razones de orden legal y judicial, la mansión permaneció cerrada, dejaron profunda huella de deterioro en el edificio, su estructura, decoración y equipamiento. Tras un arduo trabajo, Torri,  junto a su equipo de restauración consiguieron revertir el deterioro haciendo todo lo posible por mantener  el encanto de la casa que fue declarada monumento nacional en  abril de  1992.

  El Castillo azul fue una de las propiedades de Moisés Navajas.

Guardiana de las reliquias doradas
Una soleada mañana de agosto en un gélido y amplio ambiente  de la Casa Dorada, Ruth Daza,  sentada en su escritorio con una cálida sonrisa nos recibió dispuesta a resolver todas nuestras inquietudes sobre su trabajo.
-¿Cuántos años trabaja usted aquí?
R. Hace diecinueve años aproximadamente que trabajo guiando a los visitantes de la Casa, desde muy joven deseaba trabajar aquí y después de muchos esfuerzos y espera logré ingresar.
-¿Hace cuantos años funciona la Casa de la Cultura, aquí en la Casa Dorada?
R. Desde 1985 comenzó a funcionar aquí y a lo largo de ese tiempo se realizaron varios cambios y restauraciones para mantener la casa en buenas condiciones.
-¿Cómo fue la  última restauración y quienes estuvieron a cargo?
R. La última restauración duró aproximadamente seis años y fue total. Estuvo a cargo de varios expertos  entre ellos el ingeniero Camponovo, descendiente directo de los  arquitectos suizo-italianos Miguel y Rafael Camponovo que diseñaron y construyeron la casa en 1887. Vinieron varios restauradores y pintores especializados desde Sucre, Potosí y La Paz.
Varios turistas esperan en el umbral de la casa y nuestra amable entrevistada se prepara para continuar guiando la interesante visita que alcanza alrededor de 850 visitantes en los meses de mayor afluencia.